Estamos hablando de dejarse llevar la emoción de los sabores en un restaurante frecuentado por quienes buscan degustar esta sabia armonía entre la tradicional y exquisita cocina mediterránea y las propuestas más personales de los nuevos restauradores.
Pero la razón más importante es que se requiere una cierta sensibilidad para disfrutar de determinadas sensaciones que tienen que ver con otra manera, mucho más sutil e inteligente, de entender la vida. Se trata de placeres muy sofisticados que se obtienen, sin embargo, a partir de propuestas sencillas como la gastronomía, el contacto con la naturaleza, la siesta o el sol.